Bernard Plossu

Efímeros, ​Prólogo (2006)

En fotografía, conviene huir de la moda, de lo espectacular, del oropel. La fotografía es un lenguaje muy poderoso, directo y fuerte, pero sólo si se renuncia a la seducción.

 

En cuanto ví el portfolio de José Guerrero, "Panta rei, el límite urbano", en forma de un pequeño libro, casi de bolsillo, supe que lo que tenía entre las manos era exactamente lo que me gusta en el aspecto directo y auténtico de la fotografía.

 

El límite urbano es un tema esencial en nuestra época porque es un límite que se mueve muy de prisa, al ritmo de los edificios y de los barrios que los promotores hacen propagarse como hongos. La tensión entre lo que desaparece y lo que aparece es un fiel reflejo de nuestros tiempos.

 

Guerrero hace poesía, si es que podemos hablar de poesía al tratar un tema social, cuando fotografía aquello que hace bien poco estaba en uso: piscinas, caminos a ninguna parte, terrenos baldíos, y la aparición del futuro con los primeros bloques de cemento... La mezcla pavorosa de todo ello, sobre paisajes de luces espléndidas, refleja perfectamente el aspecto apocalíptico de nuestra época: creemos en los sueños, pero la fotografía nos recuerda que, para alcanzarlos, primero debemos sobrepasar el caos y el desorden.

 

La otra fuerza de la fotografía se hace patente cuando ya no importa si el objeto es en blanco y negro o en color. Guerrero fotografía en color, pero con la sobriedad del blanco y negro. Me recuerda a su predecesor, el gran Lewis Baltz, que fotografió los trabajos de construcción de Park City, en Estados Unidos.

 

Aquí, Guerrero nos muestra las mutaciones de su país. Nos enseña espacios degradados; y aún así…, sus fotografías son magníficas y me conducen al terreno poético de la sensibilidad: esto ocurre cuando uno se enfrenta a la obra de un autor de gran talento.

 

Sus imágenes son muy fuertes, aunque sencillas al mismo tiempo; así, como si nada, en la esquina de calles aún inexistentes.

 

Entre dos tiempos.